domingo, 23 de julio de 2017

Jiří Weil: Vida con estrella

Idioma original: checo
Título original: Zivot s hvezdou
Año de publicación: 1949
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: Muy recomendable

Praga. 1939-1945 aproximadamente. Ciudad multiétnica, ciudad ocupada, ciudad oprimada y opresiva, ciudad terrible. Traslados, deportaciones, hambre y muerte dominan el panorama.

En esa Praga vive, o más bien sobrevive, Josef Roubicek, antiguo empleado de banca de origen judío. Roubicek está marcado por la estrella amarilla que debe llevar en la solapa, debe desempeñar trabajos que nadie realiza, está completamente solo y pasa hambre pero, pese a todo esto, se agarra a la vida. Elige para ello una doble vía. Por un lado, se aferra a los recuerdos de una vida pasada, casi idealizada, representada por un amor: el de Ruzena. Por otro, se aferra a los más nimios detalles de la vida cotidiana, ya sea un gato abandonado, unas míseras verduras o un molinillo de café. Ambos lados forma parte de la misma moneda y son pequeños rayos de luz que cruzan, a través de un resquicio, las tinieblas.

El libro se mueve entre el miedo, el absurdo, el horror, el espanto y la esperanza; el miedo de tener miedo, de no haber tenido el valor suficiente en su momento, ya sea en el amor o en la vida ("Teníamos que habernos marchado... Fue un gran error. Pero no me apetecía, ¿sabes?. Uno se acomoda y es incapaz de tomar una decisión"), el absurdo de las disposiciones de los ocupantes y de las acciones de los ocupados, el horror y el espanto de las desapariciones cotidianas ("Empezó a faltar gente en el cementerio. Unas veces se despedían y otras simplemente desparecían. No cambió nada, excepto que se incrementó el frío"). 

Pero siempre queda la esperanza. Roubicek, con mucho sentido común y ciertas dosis de humor negro se adapta a la situación, logra que la esperanza y la vida se abran lentamente camino y convierte su mera supervivencia en resistencia.

En definitiva, un libro muy bien escrito que, con su aparente sencillez, vuelve a mostrar, una vez más, el espanto del Holocausto. Eso sí, el horror no se refleja esta vez a través de los terroríficos campos de trabajo o de ejecuciones, sino a través de los actos cotidianos de un hombre corriente. Quizá por esto el efecto que produce sobre el lector sea menos inmediato, menos "fuerte" que en otras obras sobre el tema. Pese a todo, pasados unos días, escenas de la novela te vuelven a la cabeza y comprendes que el pobre Roubicek, como el capitán Kurtz, estaba en medio de EL HORROR.

Otras obras de Jiri Weil en ULAD: Mendelssohn en el tejado

sábado, 22 de julio de 2017

Zoom: La siesta de M. Andesmas, de Marguerite Duras

Resultado de imagen de la siesta de m. andesmas amazonIdioma original: francés
Título original: L'après midi de M. Andesmas
Año de publicación: 1960
Valoración: Muy recomendable


Me gusta más este título que Una tarde de M. Andesmas, escogido para ediciones anteriores, porque resultaba confuso y hasta sintácticamente discutible. En realidad, el buen señor no tiene intención de echar la siesta, está esperando al jefe de obras que construirá una terraza delante de la casa que acaba de regalar a su hija si llegan a ponerse de acuerdo. Mientras tanto, caen un par de cabezadas, algo normal a su edad.
Una tarde plácida y veraniega. El mar, el sol y la montaña. Un hombre en contacto con sus pensamientos. Si descontamos el perro del principio –cuyo alejamiento supone cierta decepción, y esto ya es un síntoma– el personaje recibe dos visitas. Para contar lo mínimo, diré que los sujetos verdaderamente importantes quedan en la sombra. La novela es un condensado y poético análisis de la soledad, el amor paterno-filial, el amor romántico y la entereza frente a los reveses de la vida.
Marguerite Duras forma parte del grupo de autores franceses que a mediados del siglo XX se impuso renovar las pautas narrativas tradicionales. Una tendencia conocida como nouveau roman, dentro de la cual se suele encuadrar esta obra.
Porque aquí Duras es más Duras que nunca. Exige atención. Mucha. A cambio nos permite ponernos en la piel de sus criaturas, ser ellas en tiempo real, ver lo que ven, escuchar lo que escuchan y sentir lo que sienten. Lo que se ve es un magnífico atardecer en un paisaje de ensueño; lo que se escucha, la algarabía de una fiesta a la que nadie nos ha invitado; lo sentimientos son de exclusión y abandono aunque no se perciben de forma explícita; lo que se dice, tal como suele ocurrir, son solo retazos de lo que se piensa. No todos se sentirán cómodos con esa forma de narrar –sobre todo en el primero de los dos capítulos que integran la novela– pero justo es reconocer que el relato convencional no puede proporcionar nada de esto.
Refiere Amelia Gamoneda –quien tradujo y prologó la edición de 2011– que su padre le hizo este regalo siendo ella adolescente. "Advertí –explica el gran poeta y premio Cervantes– cómo el libro no imitaba la realidad ni la imaginaba, sino que la creaba: el tiempo de la escritura pasaba con lentitud y facilidad, físicamente; existían silencios reales como decía el texto…".
Una genialidad que no debe pasar inadvertida: curiosamente, el meollo de la trama se desarrolla fuera de foco, en una plaza que no podemos ver y, sobre todo, a partir del momento en que Duras despide a los lectores, o sea, a continuación del último párrafo. Justo en el punto culminante, ha terminado la función.
La autora rinde cuentas con su pasado, utiliza rasgos de tres hombres que intervinieron de alguna forma en su vida. Este aspecto autobiográfico es casi una constante en su obra, pero lo que de verdad interesa no es de dónde procede el material sino lo que llega a hacer con él, cómo lo maneja, en qué lo convierte.

De la misma autora: Escribir, Moderato cantabile, Las diez y media de una noche de verano, El amante

viernes, 21 de julio de 2017

Ad Absurdum: Historia absurda de España

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

En 2017, tres jóvenes historiadores murcianos que publicaban un blog escribieron un libro sobre la Historia de españa. No tardaron en fugarse de la historiografía aburrida donde se encontraban recluidos. Hoy, todavía buscados por los historiadores muermos, sobreviven como divulgadores con sentido del humor. Si tiene usted ganas de reírse y los encuentra, quizás pueda leer su libro... Aquí debería enlazar con un GIF donde pusiera "THE AD-TEAM" a golpe de metralleta y un audio con la pegadiza musiquilla de cierta serie ochentera, pero dejémonos de tonterías. Aunque tampoco vamos a ponernos serios, pues este libro, si bien de tonto no tiene una línea,rebosa humor y hasta cachondeo ya desde el título... lo que no quita para que, siendo, al fin y al cabo, un libro de Historia comme il faut, el rigor sobre lo que nos cuenta esté asegurado.

Y lo que nos cuenta son 500 años, más o menos, de Historia de España, desde el reinado de los reyes Católicos, supuestos mamá y papá del Estado nación español -en el libro se cuestiona esta arraigada idea-, hasta el año 1992, el de la apoteosis festiva de lo que hoy mola más llamar CT -Cultura de la Transición-; entre medias, cinco siglos en los que viajamos de despropósito en despropósito, de una chapuza a una oportunidad perdida, de gobernantes inútiles a gobernantes sinvergüenzas... ¿Cómo, que estoy exagerando? Pues basta echar un vistazo a las semblanzas de los reyes que ha disfrutado España para darse cuenta de que, en general, forman una colección de freaks, estultes y/o ninfómanos -es el término que aparece en el libro-, de lo más entretenida, eso sí... (¡ánimo Froilán, que el futuro es tuyo!).

Aún así, el libro nos depara alguna que otra sorpresa, si es que tenemos atornillados los conceptos de la historiografía tradicional al respecto: por ejemplo, rehabilita, hasta cierto punto, el reinado del "Hechizado" Carlos II, mientras que matiza bastante los logros del generalmente alabado de su tatarabuelo Carlos I. O la edulcorada versión de la impalntación de la democracia a la muerte de Franco, gracias a los faemino y cansado del momento, el dúo Juancar y Suárez (leed este libro, niños, y no el del tío Arturo...).

De todos modos, la mayor objección que se le puede poner a este libro -y es algo que admiten sus autores en la introducción- es que, al fin y al cabo, lo que plasma en sus páginas es una historia de la élites y de los grandes acontecimientos, más que de las mayorías sociales -y no digamos ya de las minorías, aunque algo hay-; la razón es que lo pretendido por los muchachos de Ad Absurdum  es, precisamente, buscar los elementos "absurdos" de la Historia y cuestionar a partir de ellos la visióncasposa que cierta historiografía ha venido ofreciendo durante muchos años. Aspecto en el que, desde luego, no se puede competir con, por decir algo, los despropósitos y no digamos ya la las apetencias sexuales de nuestros dilectos monarcas (hablo, por supuesto, de tiempos ya muy pretéritos... ejem). El problema es que, a veces, tal vez sobre los temas que los ad-absurders controlan menos esta perspectiva "tradicional" se cuela en el tono general del libro, cachondeos aparte. De esta forma, y por poner un ejemplo, son muy críticos con la visión determinista de la conquista de Granada y de la llamada reconquista en general, pero aceptan sin más la versión centralista o "estatalista de la conquista de Navarra.

Por ir acabando: el tono general del libro es, sin duda, desenfadado e irónico, quizás con excesiva recurrencia a lo soez, pero , bueno, quitemos allá esas paj... estoo, pelillos a la mar. Los autores tampoco se han cortado a la hora de incorporar referencias a la actualidad más rabiosa, lo que, por un lado, es cierto que confiere frescura al texto (que no deja de ser, repito, un tocho de Historia), pero, por otro, puede que en pocos años haya que hacer un esfuerzo de memoria para entenderlos. tambi´n , en ocasiones, sueltan comentarios jocosos que bordean la incorrección política, con chistes sobre tal o cual colectivo o nacionalidad. pero, qué narices, que esto no es twitter... 

En suma, si quieren saber la verdad sobre las locuras de Felipe V o la productora porno de Alfonso XIII; las imaginativas corruptelas del Duque de Lerma o quienes fueron el único rey lepero de Inglaterra o Boris I de Andorra, no duden en leer este libro. Si quieren conocer o recordar las vicisitudes y desventuras que ha pasado el pueblo español durante los últimos cinco siglos de Historia, esa asignatura que la mayoría de ustedes no tocan (supongo) desde los tiempos del insti, léanlo también.

jueves, 20 de julio de 2017

Viet Thanh Nguyen: El simpatizante

Idioma original: inglés
Título original: The Sympatizer
Año de publicación: 2017
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Reluciente pegatina dorada que recuerda el premio Pulitzer obtenido por el libro, y una primera figura, como Javier Calvo, encargado de la traducción. Normal apostar por este libro que, apenas leídas media docena de páginas, ya se hace difícil abandonar. El primer capítulo es impactante: una operación de evacuación realizada en el aeropuerto de Saigón en el justo momento en que la ciudad cae a manos del Viet Cong: los norteamericanos certifican haber perdido la guerra y salen despavoridos acompañados de unos pocos afortunados habitantes locales que quieren librarse de las previsibles represalias del bando ganador. Más que previsibles, seguras, como corresponde a toda Guerra Civil que se precie, y Ho Chi Minh, uncle Ho, no va a ser menos. La escena del embarque del avión, entre sospechas de delación, proyectiles de mortero que destruyen las pistas del aeropuerto, disparos emboscados, no se sabe si de amigos o enemigo, que se cobran víctimas inocentes, acaba tomando otra dimensión, incluso albergando dudas, a la vista del desarrollo de la novela.

Novela que empieza poniendo las cosas claras, en las tres primeras frases. El Capitán es un infiltrado: un Viet Cong, un topo que huye de ese Saigón que cae, junto a los pro-americanos, y se establece en USA. Que se convierte en el primer apoyo del General, en su hombre de confianza mientras se aposentan y empiezan a organizar algo parecido a una resistencia en el exilio. El Capitán puede dudar en su pensamiento, pero sus hechos son coherentes. No duda en asesinar a quien se le sugiere pues él ha de ser parte activa en la búsqueda del topo que se ha infiltrado, y él sabe que está siendo terriblemente injusto, pero cumple con su deber. Y va informando de esos movimientos a su país de origen, aunque sea a costa de delatar o comprometer a gente a la que aprecia. Incluso cuando es reclutado por el Cineasta (trasunto del Coppola de Apocalypse Now) para enmendar el guion de una película sobre la guerra del Vietnam que se rueda en Filipinas y en la que ningún vietnamita es invitado a intervenir. Uno más de los muchos pasajes excelentes que llenan la novela. Nguyen puede haber escrito uno de los libros del año, aportando esa perspectiva del desplazado que va adaptándose a su país de destino, que va relativizando los vínculos con su origen, que va acortando los párrafos de una teórica bitácora del exiliado porque él está exiliado con una misión, sí, pero no deja de adaptarse, evolución manda, al país en que se encuentra.

No son gratuitas las menciones de la contraportada, a Le Carré o Graham Greene. El simpatizante es una novela brillante, adictiva, muy hábil, perfecta en su estructura (una veintena de capítulos sobre la veintena de páginas que ayudan a administrar perfectamente tanto lectura como golpes de efecto) y que cuesta etiquetar en un género concreto. Del thriller de espías con personajes ambiguos (siempre asoma la duda tras los personajes que le frecuentan, si no son otros agentes dobles vigilando sus pasos) y con alguna trama que queda sin resolverse adecuadamente (su relación con la señorita Mori queda abruptamente inconclusa) para los férreos parámetros de la literatura de intriga, esa que no deja cabos sueltos, puede pasar a esa literatura introspectiva, como un Conrad o un Kafka adaptados a los tiempos que corren, a la necesidad de la definición de un escenario visual.  Sea el curso de un río, sea una sala de tortura, sea el mencionado aeropuerto lleno de cráteres producto del bombardeo. Es la única duda que me ha dejado esta entretenidísima novela. Si Nguyen pretendía construir un enigma y resolverlo, pero aquí (las reflexiones personales e ideológicas tienen mucho que decir sobre la condición de refugiado, la esencia de la política americana de la guerra fría, el choque de culturas y mentalidades) la escritura está claramente por encima de los límites de género. O si, por el contrario, deseaba demostrar su experiencia acerca de la versatilidad del ser humano que evoluciona en un entorno nuevo y deja atrás el pasado, y ha optado por dotarlo de un envoltorio atractivo y casi aventurero. En este sentido, me ha desconcertado un poco la presencia de esos dos capítulos finales, cuando hasta la estructura de la narración se altera (pasamos del bloque del monólogo al ritmo del diálogo casi entrecortado por las circunstancias en que éste se produce) y nos damos cuenta, o ése ha sido mi caso, que Nguyen no quería restringirse a la resolución de una situación, sino intentar algo más (no sé expresarlo de otra manera) universal.

miércoles, 19 de julio de 2017

Ana Rossetti: Alevosías

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1.991
Valoración: Decepcionante (por lo menos)

Mal asunto. Literatura erótica, escrita además por una mujer, y servidor empieza por calificarlo de Decepcionante. Demasiados boletos para la rifa de los improperios (reprimido, machista, facha…) Pero qué le vamos a hacer. Eso ocurre por echar mano del primer libro desconocido que aparece por la estantería. A veces el resultado es bueno y por tanto la sorpresa más agradable. Y otras… pues eso. La curiosidad mató al gato.

Pues efectivamente, este ‘Alevosías’ (me ahorro comentarios sobre el título) es una colección de ocho relatos de corte erótico que recibió en su día el premio Sonrisa Vertical –que es, por cierto una marca de prestigio en ese ámbito. Y, oiga, no nos andamos por las ramas: a las primeras de cambio nos encontramos ya a un par de primos preadolescentes metiéndose mano en tareas de exploración recíproca, y en un visto y no visto pasan a no dejar miga en el mantel. Los dos chicos son sustituidos en el siguiente relato por dos hermanas, la pequeña de apenas ocho o nueve años, que se ponen como motos en menesteres parecidos con el pretexto del juego y todo eso. Sí, bueno, después se deja caer algo sobre sus diferentes trayectorias sexuales en la edad adulta, pero esto resulta poco más que un simple adorno. Siguen sueños de alto voltaje en un tren de esos de larga distancia, con compartimentos y tal, un escenario bien propicio para este tipo de aventuras. Y todo así.

Naturalmente, línea tras línea nos encontramos con distintos tipos de fluidos y oleajes, 'cuevas resbaladizas y anhelantes’, cierto ‘succionador cilindro de terciopelo’, ‘bocas húmedas’ y ‘salvajes embestidas’. Y, sobre todo, pezones ‘de frambuesa’ y de texturas, sabores y morfologías semejantes aunque diversos, muchos pezones erectos, desafiantes, acusadores, todo un catálogo. Yo no sé si esto es exactamente literatura erótica, es decir, si el mérito consiste precisamente en describir el acto sexual y sus mil y una variantes, de mil y una formas diferentes, tirando todo el tiempo de metáforas para poner de manifiesto el grado superlativo que alcanzan el deseo y la excitación. De ser así, y si no hay nada más (como pasa en este caso) tengo que confesar que la cosa me aburre profundamente.

Hay que admitir que a la señora Rossetti  -que para eso es poetisa y autora de textos para niños, todo versatilidad- se le ve hábil en el manejo de esa miríada de adjetivos, alegorías, figuras y símbolos que se suceden sin pausa a lo largo de todo el volumen. Pero, claro, una vez que hemos asistido a un polvo, una masturbación o una felación (sin olvidarnos de los pezones), la lectura no da más de sí, es como asistir a un concurso para ver quién lo describe mejor, cuántas piruetas pueden utilizarse para el mismo fin, cuáles son las ocurrencias o imágenes más sorprendentes. Seguro que alguien dirá que no hay que quedarse sólo con el momento voluptuoso y las temperaturas extremas, que hay un mensaje profundo (con perdón), sensibilidad, agudeza psicológica. Pero, sinceramente, no soy capaz de encontrar nada de esto.

Incluso estaría dispuesto a reconocer que –si no hemos tirado la toalla antes- el libro coge algo de vuelo más o menos a la mitad, donde encontramos un par de relatos con un ambiente algo más oscuro, una pizca más de interés, y algún otro donde afloran ramalazos de humor que lo hacen más llevadero. Como uno es cicatero en las valoraciones pero también tiene su momento generoso, estas dos pinceladas me han movido a dejarlo solo en Decepcionante. Pero, no obstante lo dicho, vean ustedes: los últimos dos o tres relatos tienen un hilo común donde se toca de soslayo el tema de la infidelidad, y ahí aparece un personaje llamado Txomin, que tiene la osadía de dejar con el trabajo a medias a la señorita protagonista. Ella, con un rebote colosal, urde una sofisticada y claramente desproporcionada venganza dirigida a cargarse su matrimonio (el de Txomin). Ahí queda eso, para que se entere el vasco, cobarde, mediohombre, capullo, que a una mujer no se le hace eso. Ese es el nivel.

P.S. Aviso a mis colegas que si a alguien se le ocurre montar una semana de literatura erótica, conmigo no contéis, gracias.

También de Ana Rossetti: Señales y muestras

martes, 18 de julio de 2017

Julián Ibáñez: El matón al que engañaban las mujeres




 Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

Esta es la quinta entrega que Julián Ibáñez hace de las peripecias protagonizadas por Bellón, un personaje del que el autor apenas nos ha dado como referencia el apellido y su imperiosa necesidad de estar permanentemente buscándose la vida, como chivato, o matón, o gorila, descargando un camión de fruta, o aceptando cualquier chapuza que le reporte cinco, diez, veinte eurillos con los que mantenerse a flote una noche, un día más, en una supervivencia cuyo horizonte es tan corto que parece llevarlo pegado a la nariz.

No es que Bellón esté pasando un bache, una mala racha. Es que Bellón jamás ha salido del agujero. ¿Qué se puede esperar de un tipo cuyos bares de referencia son el Petunia, la Cepa, o el Elefante Blanco y mantiene su sede operativa en el Menta y Canela? Lo de Bellón no son casos, ni episodios o aventuras, es el relato de una vida en el alambre, en el que el inventario de caídas se registra por acumulación.

Julián Ibáñez (Santander, 1940) lleva escritos decenas de libros, la mayoría de género negro aunque también ha tocado el palo juvenil, y ha ido dejando títulos por un reguero de editoriales. Su estilo, áspero y directo, en el que lo puede ser contado con tres palabras no precisa de cuatro, está al servicio de historias desgarradas y lúgubres, sin moralina ni moraleja. Las aceras de los polígonos industriales, los descampados de las periferias urbanas, los puticlubs de carretera, las calles polvorientas de urbanizaciones fantasmas, el espacio que surge desde la periferia meridional de Madrid hacía el sur, son los lugares predilectos por donde pululan personajes sombríos, desesperanzados, duros de pelar, como esas chicas que hacen equilibrios sobre un bordillo.

Con Bellón, Julián Ibáñez ha dado vida a un protagonista capaz de crear un vínculo más estable con el lector. El personaje apareció en El viejo muere, la niña vive (2014) y nos ha deparado Gatas salvajes, Todas las mujeres son peligrosas (ambas en 2015) y Canino (2016) y, efectivamente, no tiene nada de heroico. Bellón no apunta ninguna virtud con la que empatizar; no es leal, ni sincero, ni honrado, ni decente. Pero como cantaba Lou Reed, Bellón nos da un garbeo por el lado salvaje. Un lado que Ibáñez, quien cita a Raymond Chandler como referente, sabe retratar con ironía, sagacidad y despiadado realismo, en primera persona. Con mucha acción y toneladas de incorrección política. Con un protagonista en las antípodas del héroe habitual del género, al que le importa un bledo la verdad, la justicia o la venganza, pues Bellón tiene de sobra con rodar otra vuelta en la ruleta de la vida y dejarse caer en alguna casilla no demasiado hostil. A ello aplica afanosamente su cerebro en El matón al que engañaban las mujeres, siempre en tensión por encontrar una nueva oportunidad, jugada, certeza, capaz de ser transformada en ingreso, ventaja, recurso. Y, por supuesto, con los chispeantes diálogos marca de la casa:
“-Había oído otra cosa.
No logró disimular cierta sorpresa.
-¿Qué otra cosa?
-…Que la rubia hizo la maleta.
Continuó mirándome.
-La rubia –dijo al fin-. Se teñía.”

lunes, 17 de julio de 2017

Rudolph Wurlitzer: Zebulon

Idioma original: Inglés
Título original: Zebulon
Traducción: Irene Oliva Luque
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable

Hay una canción del donostiarra Diego Vasallo (ex de Duncan Dhu) cuya letra define perfectamente lo que le ocurre a Zebulon, absoluto protagonista del libro, a lo largo de las 320 páginas de la novela. La canción está incluida en un disco del año 2005, titulado "Los abismos cotidianos, y dice algo así como:

"La vida te lleva por caminos raros,
por la esquina más perdida de los mapas,
por canciones que tu nunca has cantado.
La vida te lleva por caminos raros.

La vida te mira con los labios pintados,
te elige y siempre se larga con otros,
y así vamos siempre dando vueltas.
La vida te elige con los labios pintados."


Y es que la novela es un perpetuo vagar por caminos extraños, fruto de una maldición que al comienzo de la misma le lanza una mujer india.

"De ahora en adelante vagarás sin rumbo, como un ciego entre los mundos, sin saber si estás vivo o muerto, o si el mundo que no ves existe, o si todo es un sueño..."

A partir de ahí comienza un viaje que puede ser un intento de liberación del pasado o una oportunidad de romper las cadenas, pero que consiste en un perpetuo seguir adelante, en una persecución de algo o alguien que es más bien una sombra, en una persecución de uno mismo.

El resto (la ubicación geográfica o temporal de la novela) es, hasta cierto punto, indiferente, aunque para trasladar esa sensación de irrealidad Wurlitzer sitúa a Zebulon en el Oeste americano, en los grandes espacios abiertos de las montañas y de la California de los pioneros, en plena fiebre del oro.

En cuanto al estilo de Wurlitzer, diría que se trata de una escritura un tanto fragmentaria o cinematográfica (no en vano es autor de importantes guiones, como el de "Pat Garrett y Billy the Kid", de Sam Peckinpah), en la que se aúnan la crudeza y la poesía. Un estilo que trae rápidamente a la cabeza el "Meridiano de sangre", de McCarthy, aunque sin ese punto "totalizador" que tiene esta última.

En cualquier caso -ya sabemos que las comparaciones son odiosas- vamos a quedarnos con que "Zebulon" es una buena novela (muy buena, por momentos) que podría ser mejor (o que me hubiera gustado más) con algo más de ritmo y con algo menos de escenas lisérgicas. Y también con que habrá una nueva oportunidad para Wurlitzer, seguramente con alguna de sus primeras novelas.