lunes, 5 de diciembre de 2016

Manuel Vicent: La muerte bebe en vaso largo

Resultado de imagen de la muerte bebe en vaso largoIdioma original: español
Año de publicación como libro: 1992
Valoración: Está bien


Mezcla de novela negra, sátira  y relato fantástico, esta novela tenía todas las papeletas para encontrarla más que disfrutable. Pero no ha sido así y, buscando una explicación, me entero de que se publicó en el diario El País, por entregas, con el título Domingo negro, antes de editarse en forma de libro. Es de suponer que fue escribiéndose a medida que se publicaba perdiendo, quizá, por el camino la posibilidad de reelaborar sobre la marcha, rectificando, enriqueciendo o limando lo que fuese menester. Ese sería el motivo de que haya quedado algo deslavazada, de que contenga los elementos necesarios para seducir a un gran número de lectores y no llegue a conseguirlo del todo. Con esto no estoy insinuando que la técnica del folletín suponga un lastre en todos los casos, ni mucho menos, todos conocemos ejemplos ilustres, pero creo que, para este en concreto, se trata de una explicación razonable.
Vicent nos conduce por calles, edificios y cloacas de Madrid, con gran habilidad descriptiva y un ritmo en apariencia trepidante, de la mano de personajes tan marginales, alocados y proteicos como podamos imaginar: tahúres, coristas, tenderos, aristócratas venidos a menos, profesores con doble vida, bingueras, mendigos, o empleados de tanatorio. Toda una nómina siniestra que evoluciona a su aire, entrando y saliendo del mundo de los  vivos con una libertad que llega a convertirse en rutinaria. Sin que el hecho de estar vivos o muertos tenga la menor importancia, este peculiar grupo busca tesoros, pone en marcha negocios, triunfa en los escenarios, seduce, conquista o perdona traiciones amorosas o se venga de ellas en fiel paralelismo con el mundo real.
Pero, por una parte, el simbolismo no acaba de quedar claro del todo, por otra, a un artefacto tan recargado como este, tan potente en potencia –valga la expresión –, con tal abundancia de significantes y que sin embargo se queda corto de significado, lo podríamos llamar rocambolesco.
Y es que hasta lo más sorprendente puede parecernos monótono si llega a convertirse en costumbre. Sobre todo en ausencia de elementos –emotividad, intriga, información novedosa, crítica o lo que sea– que conecten con la sensibilidad del lector. Porque, a pesar de los mil y un sucesos disparatados, ocurrencias varias y continuas vueltas de tuerca –o precisamente por ellos– lo encuentro un relato plano, con algunos (no muchos) destellos que se elevan (poco) por encima del resto.
La perspectiva que ofrece es muy negra, muy ácida y desencantada y se intenta compensar con un humor que a mí me parece fallido. Sus mayores logros residen, creo yo, en la capacidad fabuladora, la habilidad para construir recargadas escenografías que podríamos denominar fellinianas y un escepticismo que lo abarca todo.
Pero hasta el absurdo más completo ha de tener algo parecido a la coherencia, conducir a alguna parte aunque el lector solo intuya dónde, pues si se pierde por completo dejará de interesarle lo que ocurra a continuación y eso significa, o bien cerrar el libro, o bien como en mi caso, acabarlo a la fuerza.
El autor ha explicado en alguna entrevista que “esa novela parte de un hecho real, de un tipo que murió a mi lado. Y prácticamente todo el resto de cosas que suceden son elaboraciones de hechos reales.” Lo considera, por tanto, producto de la imaginación y no de la fantasía, que según él consiste en un juego cerebral carente de lógica, mucho más sencillo y que no le interesa para nada.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Iban Petit: Anotaciones circulares

Idioma original: Español
Año de publicación: 2015
Valoración: Está bien

Escribo esta reseña mientras suena de fondo el “Entresemana” de Le Mans, disco del año 1994 de una de las bandas, junto a La Buena Vida, Family, El Jóven Bryan o, más recientemente, AMA o Bassmatti & Vidaur, que en los ya lejanos 90 dieron lugar al denominado Donosti Sound, movimiento clave en la escena musical independiente en España.

Los primeros discos de estos grupos, en realidad Family solo publicó un disco (o más bien EL disco), eran discos de un pop minimalista, de letras naif con un fondo “tristón” sobre momentos de la vida cotidiana, casi postales o fotografías de esos momentos. Posteriormente estos grupos evolucionaron a instrumentaciones más complejas, letras más amargas, etc.

Todo esto viene a cuento porque Iban Petit comparte ciudad con estos grupos y porque “Anotaciones circulares” comparte, en su primera mitad, tono con esos discos como el “Entresemana” de Le Mans o el “Los mejores momentos” de La Buena Vida. Primera mitad del libro que podríamos resumir con ese comienzo de "Viaje a los sueños polares":
Cuando pesen demasiado la rutina, el trabajo y la vida en la ciudad, nos iremos en un viaje infinito con esa tonta sensación de libertad. Hacia el fondo de ese mundo del que me has hablado tanto...
Y es que en ella nos encontramos con lo que parecería la típica historia de “chico conoce a chica”. El chico es Marcos, un oficinista treintañero, con una vida monótona pero con ganas de darle un giro de 180 grados. La chica es Allina, pintora, solitaria, la antítesis de Marcos. Surge el amor, de repente. Y hay baños en la playa, paseos, verano…Todo muy bucólico.

Para la segunda parte citaremos el "Qué nos va a pasar", de La Buena Vida. Porque algo pasa, Marcos y Allina se separan, pero...
Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza y las cosas que en la plaza nos dijimos hoy. Ahora que te vas, pediré perdón...
Mediado el libro, un suceso terrible rompe la historia. Esta se vuelve, como las letras de las canciones de los grupos que comentábamos, más amarga. Los recuerdos se mezclan con la realidad y lo que era una historia de amor más o menos convencional se convierte en una historia con un punto de intriga que Petit cierra con un complicado “triple salto mortal” del que consigue salir bien parado.

De donde no sale tan bien parado, en mi opinión, es del excesivo uso del lenguaje poético. Me da la impresión que Petit se maneja mejor en las frases breves, lacónicas, casi cortantes que emplea en buena parte del libro. Con estas consigue dar un tono lánguido y melancólico muy apropiado al relato, mientras que el exceso de metáforas poéticas resulta un tanto reiterativo y resta fluidez a la narración.

En cualquier caso, es el primer libro de Petit y de la editorial Expediciones Polares (por cierto, preciosa edición) y es un punto de partida mejorable en algunos aspectos, pero interesante.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Juan Cárdenas: Los estratos

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

El protagonista de Los estratos está casi siempre solo. Es el heredero de una empresa que se desmorona. Sus compañeros en el consejo de administración, compañeros generacionales de su padre, no hacen más que advertírselo: la compañía va de cabeza a la bancarrota. Pero él se mantiene impertérrito: evita esas comunicaciones, las atrasa, las elude, las achaca a reacciones histéricas. Y no hace nada: calcula los fondos que le quedan y los emplea en los asuntos más peregrinos, aquellos que decide sin pedir consejo ni encomendarse a nadie. Ni su esposa, ni sus acompañantes o amantes esporádicas. Tampoco tiene amigos, y sus contactos con la familia son curiosos y esporádicos. Acude a visitar a familiares menos favorecidos en lo económico y allí parece sentirse a gusto. Entre gente sencilla con existencias sencillas, entre comida exenta de sofisticación, entre charlas distendidas donde un familiar sicario relaciona los pormenores de su trabajo.

Y mantiene un recuerdo, la nana que le cuidó de pequeño, la que le contaba cuentos que calan en su memoria, obsesión que le llevará por los caminos más extraños: encargar su búsqueda a una psiquiatra reciclada en detective, aventurarse en una costosa búsqueda conradiana, episodio final del libro, relativo punto débil algo enajenado de una novela que es brillante y revela un autor inquieto y francamente eficaz en su escritura, una escritura entrecortada, carente de florituras y directa al grano.
Mientras conduzco enciendo la radio. Los locutores siguen con el tema de la lluvia y las inundaciones. Yo pienso en mi mujer. Quizás me confundí y era alguien que se le parecía mucho. El locutor ya no sabe cómo seguir exagerando, dice que el invierno deja imágenes escalofriantes. Se le acaban los adjetivos. Dantesco, dice.
Los estratos parece referirse a las distintas clases de la sociedad colombiana del pasado más reciente, y cierto es que nos encontramos de todo: la dominante, el poder, la pobreza que rodea y casi delimita los barrios, la gente que vive en las zonas de selva. El innombrado protagonista parece asistir a su funesto futuro con una desidia y una despreocupación absoluta. Ni siquiera cuando regresa a su casa y su mujer se ha esfumado parece registrar emoción, la misma que ha mostrado hacia amantes fijas y esporádicas.
Así comenzó la cosa. Ella me revolucionó. Me cuesta mucho hablar de esto, pero voy a intentar explicarlo: hasta ese día yo había tenido un trato más bien bovino con el cuerpo de las mujeres. Una cosa medio mojigata y burguesa. Ella no. Ella follaba como si fuera a morir al día siguiente.
Sin influencias obvias en lo estilístico, sin que en todo caso estas sean recientes (veo a Kafka y a Camus) en ese protagonista a la vez impávido y desinhibido, y a pesar de un recorrido final que pierde algo de fuelle, Los estratos, segunda novela, representa una excelente carta de presentación.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Albert Camus: Calígula

Idioma original: francés
Título original: Caligula
Año de publicación: 1.944
Valoración: Recomendable


Calígula, ese hombre. El emperador cuyas extravagancias no conocían límite, famoso por hacer correr la sangre de enemigos, hermanos, senadores y amantes con igual delectación (o tal vez desinterés). O por haber nombrado cónsul a su célebre caballo Incitatus (aunque no sé si llegó a hacerlo o fue sólo un amago). Calígula es el personaje histórico elegido por Albert Camus para trasponer algunas de sus ideas sobre el absurdo, ese ángulo del existencialismo cuyo estudio expone ampliamente en ‘El mito de Sísifo’. Dramatizar o novelar el pensamiento filosófico parece una opción interesante para facilitar su comprensión o su divulgación, como ya comprobamos por ejemplo en Unamuno o Sartre.

Cuando llega al poder, Calígula es un chico bastante joven que, según dicen los historiadores, comienza su mandato con buena mano. Pero en poco tiempo parece verse dominado por una especie de demencia y todo se convierte en el carrusel de disparates al que todos asociamos su nombre. Camus sitúa el principio de su obra justo después de la muerte de Drusila, hermana y amante del emperador, y sugiere que es esta desaparición la causa de su locura –aunque más tarde el propio personaje lo desmiente. En realidad, lo que parece haber ocurrido es que, durante unos breves días en que nadie sabe dónde está Calígula, éste ha tenido una especie de revelación. Puede que por efecto del duelo, o simplemente porque sí, ha adquirido conciencia de algunos de los principios que Camus pretende presentar: el sinsentido de buscar un porqué de la existencia, el dolor como mecanismo de liberación, la superación de todo límite (en su caso, el ejercicio del poder absoluto en sentido literal) en busca de la libertad. El emperador ha visto una luz, y se dirige hacia ella en una carrera decidida, aunque aparente ser enloquecida y caótica.

Por su parte, los nobles de Roma vieron seguramente en los primeros tiempos a un muchacho fácil de manipular –esto no lo dice Camus, pero lo leemos entre líneas. Sin embargo, se encuentran de pronto con un tipo que parece enajenado, se ha vuelto tiránico y caprichoso hasta extremos inimaginables y además utiliza razonamientos delirantes, sí, aunque bien trenzados. Así que los patricios ponen pronto en marcha una conspiración para terminar con el chiflado asesino. Tampoco les critiquemos: Calígula les humilla, les arrebata a sus mujeres, no tiene reparo en acabar con unos u otros en el momento más inesperado, y está arruinando a toda Roma.

No creo que sea el momento de entrar en los perfiles del pensamiento que Camus va colocando a lo largo de los sucesivos parlamentos entre los distintos personajes. Centrándonos en el punto de vista teatral, los cuadros escénicos del emperador con los senadores son –como no podía ser de otra manera- ásperos, crudos, siempre bajo la sombra de la guadaña imprevisible del tirano. Los conspiradores están decididos a acabar con él, y Calígula lo sabe, aunque no lo impide como podría. Y, no obstante la intensidad de la situación, esas voces integran de forma sumamente civilizada, racional, intercambios de ideas sólidas sobre la libertad, la búsqueda de lo imposible, la existencia finita del hombre frente a la permanencia del mundo.

Es probable que Calígula no esperase ser comprendido, pero algunos de sus enemigos (Escipión, a cuyo padre mandó matar, o Queneas, su más decidido oponente) demuestran entender sus razonamientos. Entretanto, otros personajes se mueven exclusivamente por interés, por conservar sus privilegios o vengar las afrentas sufridas, con lo que el colectivo se divide claramente en dos tipos bien diferenciados, en función de su grado de consciencia del absurdo, que es a donde el autor quiere realmente llegar.

Finalmente, se hace evidente que el mal no debe triunfar, que es necesario acabar con la degollina y el despropósito, pero quedan también perfectamente definidos los planos político y filosófico. Cada uno de ellos llevará su propio rumbo -claramente divergentes en el caso de Calígula, pero también por ejemplo en el de Queneas-, sin que exista interferencia entre ambos. Así, se deja ver cómo el mismo emperador va diseñando (o mejor, dejando campo libre a) su propio fin, que se precipita poco a poco en las últimas escenas, con un descacharrante concurso de poesía y el asesinato de… bueno, esto lo dejo a la curiosidad del lector.

Seguramente el dislocado proceder de Calígula carecía del impulso filosófico con que lo reviste Camus. Pero esta utilización del personaje genera una trama sólida, en apariencia sencilla, que no obstante ofrece un extenso campo para bucear en el pensamiento que el autor pone sobre la mesa. Y, desde el aspecto puramente literario, el libro resulta sobrio e intenso, y muy eficaz si lo contemplamos como obra teatral.

jueves, 1 de diciembre de 2016

James Carr & Archana Kumar: Hipster Hitler

Idioma: inglés
Título original: Hipster Hitler
Año de publicación: 2012
Valoración: divertido (e inquietante)


Como ya ha escrito alguien antes que yo (soy un cutre, lo sé, pero la idea es demasiado buena para no aprovecharla), Adolf Hitler, Führer del III Reich, fue un hipster avant-la-lettre... ¿Que no? Veamos: de joven, tras una etapa Ni-Ni, quiso ser artista y llevó un estilo de vida bohemio -por no decir clochard- en la capital del aún Imperio Austro-Húngaro, mientras la academia de Bellas Artes le rechazaba una y otra vez (algo muy hipster, también). adema´s, era vegetariano y cuidaba con esmero su vestimenta y corte de pelo, salvo en sus últimos días, que ya no estaba para nada... Y no le hacía ascos -más bien lo contrario- a las drogas de diseño y otros estimulantes. No sçesi le gustaba pasear en bici de piñón fijo, pero sí que he visto, para mi desdicha, alguna foto suya en pantalón corto, con unas bermudas estilo vintage. le gustaba el diseño gráfico y los eslóganes molones, aunque esa tarea se la dejase sobre todo a Goebbels, y se pasaba horas departiendo sobre arquitectura con su amigo Albert Speer... No sé si hacen falta más pruebas...

Algo así debieron de pensar los autores de estas historietas cuando pensaron en convertir al Führer en un hipster de nuestro tiempo (conservando el bigotillo, eso sí; no creo que le hubiese quedado bien la barborra lumberjack); ataviado con gafas de pasta y camisetas con lemas irónicos -Eva 4 Eva; I Love Juice; Back to the Führer...-, nuestro Hitl... uy, perdón por el plural: este particular Hitler bebe ceveza orgánica, juega con videojuegos vintage (es decir, pre-vintage), elige los uniformes para las SS o toma decisiones militares como si jugase al ajedrez chino para ser más multicultural. El Hitler hipster no invade Suiza porque en un país tan montañoso no puede circular en su fixie, propone una estrella de David invertida (sic) como símbolo anti-judío y en Navidad recibe la dickensiana visita de los dictadores del pasado, el presente y el futuro (éste resulta ser el viejo Kim Song Il o Song Il Kim o como sea). ¿Suena todo demasiado extravagante... quiero decir: bizarre? Quizás, pero pensemos que sí existen los llamados nipsters, neonazis tan preocupados de la exclusividad de su estética como de la pureza de la raza aria a la que creen pertenecer. Hay gente pa tó, que diría el clásico...

Hay que reconocer que estas historietas, dibujadas con un austero estilo infográfico, mueven más a la sonrisa irónica que a la carcajada -aunque haya momentos brillantes, como cuando Hitler zanja una discusión con Goering apelando a la Ley de Godwin-. Ello se debe, supongo , a las limitaciones creativas de sus autores, pero también, en gran medida, a la necesidad de dominar varios códigos de humor para entender los chistes: además de los juegos de palabras entre el  inglés y el alemán,se basan sobre todo en la confrontación de elementos de la subcultura hipster y los acontecimientos o circunstancias sucedidos durante el II Reich y la II Guerra Mundial. Incluso es necesario conocer un mínimo de la Historia de esa época para identificar a los personajes secundarios: Rommel, Goebbels, Goering, Eva Braun, Leni Riefenstahl...

Quizá ésta sea la mayor dificultad para disfrutar de las historietas; otra, no menos, pero de otro orden, consiste en saber hasta qué punto tenemos derecho a reírnos de una caricatura amable, después de todo, de un personaje real tan inequívocamente siniestro. Como es lógico, este escrúpulo no se me ha ocurrido sólo a mí: hubo asociaciones judías e incluso algún diputado británico que protestaron cuando salió este cómic, y tampoco es la primera vez que se plantean: recordemos que el propio Chaplin afirmó que no hubiera hecho El gran dictador de haber sabido cuáles serían los horrendos crímenes del III Reich. O, más recientemente, las polémicas acerca de la película La vida es bella o la novela alemana Ha vuelto. Las dudas, en cualquier caso, pueden multiplicaarse hasta la extenuación. ¿somos de alguna forma cómplices del nazismo por reírnos con estas historietas' ¿Seremos cómplices del terrorismo si nos hemos reído también con los sketches sobre ETA de Vaya semanita o con la divertida peli Cuatro leones? ¿Si nos mofamos de Hitler estamos también obligados a hacerlo de otros dictadores no menos sanguinarios, como Stalin, para no ser acusados de tendenciosos? Bien, yo no tengo respuesta a estas preguntas, excepto para la última: en Hipster Hitler también aparece un campechano y borrachín Broseph Stalin, así como hay apariciones estelares de Napoleón, Lenin, Mussolini y hasta Robert Mugabe.

Por otra parte, también se puede reflexionar sobre la actual banalización de estas figuras ominosas de la Historia, incluso sobre su conversión en iconos de la cultura pop dentro de la sociedad de consumo en que vivimos; al fin y al cabo, creo que es de eso de lo que trata este libro. Se llegue a la conclusión a la que se llegue, no está de más una reflexión sobre el tema ahora que parece que los nietos de los seguidores de Hitler vuelven a las andadas en buena parte de Europa. Pero, por desgracia, no de este Hitler hipster, sino del otro, del verdadero cabronazi.






miércoles, 30 de noviembre de 2016

Adelaida García Morales: El Sur, seguido de Bene


Idioma original: español
Año de publicación: 1985
Valoración: recomendable

Puede que se trate de impartir justicia. Tarde, por eso. La foto de Adelaida García Morales en claroscuro blanco y negro que nos presenta la solapa es la misma que ilustra la portada del libro de Elvira Navarro. Sí, ese que ha suscitado tan agria polémica con los límites de la ficción, la libertad creativa y el apoderamiento artístico de las piezas que nos apetece poner para que la cosa, resulte más...dramática (más vendible). Aunque si me permitís, más espeluznantes resultan las notas que acompañan la sinopsis. "Futuro narrativo". "Escritora de fuste". Para tratarse, por aquel entonces, de una escritora que, después, ha muerto relativamente joven, en una situación muy poco holgada, y entre cierta indiferencia, que a lo mejor hay que agradecer a Elvira Navarro que haya contribuido a mitigar.
Puede, también, que sirva para establecer ciertas de esas odiosas comparaciones. Porque tanto El Sur como Bene, de ser publicadas hoy en día por una autora joven provocarían más de un aullido y más de un ascenso al podio de las nuevas voces de la narrativa rural. O es que alguien que haya leído este libro y haya leído Intemperie va a negar que, con un mínimo de voluntad y ganas, puede establecerse una corriente que recorre esas dos décadas largas y que acaba involucrando otros detalles que no son atrezzo: puertas cerradas, habladurías, hogares con sensibles ausencias, misterios, sordidez. El sur como narración debe su fama (merecida) a la película de Víctor Erice, entonces marido de la autora. Pero la novela tiene fuerza por sí sola: un aura de incomodidad recorre cada página y la historia de la niña que, conforme crece, convive con el padre al que todo el resto de la familia parece detestar, es suficiente en su parquedad, en sus enormes espacios oscuros y su uso sencillo pero depurado del lenguaje, y toda su capacidad de sugestión se sostiene en esos intersticios: un padre, cuya muerte se nos ha anunciado en la primera frase, que ha mantenido una extraña relación con entorno lejano y cercano. Sin acabar de ser repudiado, si que está apartado, en una especie de entente cordiale, de todo aquello que pueda suponer un riesgo para sí mismo o para los demás. Los motivos no quedarán esclarecidos del todo, pero mucho parece aflorar, en su actitud hacia la familia, hacia el entorno, hacia la comunidad, iglesia, poder imperante. Una narración breve, pero estimulante.
Bene, más alineada con lo fantástico, como esos cuentos de acampada que involucran tumbas y ectoplasmas, viene a ser un buen complemento para conocer los registros de la autora fallecida en 2014 entre el anonimato y el desconocimiento masivo. Aquí nos adentramos en un enigma más clásico. Bene es la niña con la que no se deja que la protagonista juegue, Bene encarna el misterio en una pequeña comunidad, donde se presenta, ella y sus allegados, como una presencia flotante en el ambiente.
Evidentemente el libro de Elvira Navarro va a generar una corriente (una muestra es esta reseña) de curiosidad hacia la obra de García Morales. No exenta de morbo y de ganas de posicionarse sobre esas polémicas periódicas que al menos deberían revitalizar un poco el panorama literario. No sé, por eso, si hay que exagerar. A otros les corresponde juzgar si se trata de una reivindicación de la obra  de una persona o una coartada para mostrar el incierto futuro que, parece ser, espera a quien se decide a escribir. 

martes, 29 de noviembre de 2016

Lara Moreno: Piel de lobo

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Cuando hice la reseña de la primera novela de Lara Moreno, Por si se va la luz, dije que me había gustado como propuesta arriesgada y original, tanto en el estilo como en algunos de los temas que trataba. Hablaba de una novela cruda, y de un estilo cuidado y poético. Pero también decía que era una novela sin demasiada acción, y sin demasiada estructura.

Ahora que reseño Piel de lobo voy a tener que repetir algunas de esas ideas, lo que por una parte es inevitable (forma parte del estilo de la autora), pero también hace que la lectura de esta segunda novela me haya sorprendido y enganchado menos.

Como Por si se va la luz, Piel de lobo comienza con una huida: la de Sofía, que escapa de un matrimonio destruido para encerrarse con su hijo en la casa del padre, recientemente fallecido, en un pueblo costero sin nombre. Allí se le une su hermana Rita, y en las tensiones entre las dos (tensiones que se remontan a la infancia) está el verdadero centro de la trama de la novela. La ruptura sentimental de Sofía no es, en ese sentido, más que el desencadenante de un reencuentro que lleva a desempolvar recuerdos, traumas y rencores, y a poner de manifiesto tanto el cariño como la desconfianza que unen a las dos hermanas.

Y sí, el estilo: Lara Moreno es capaz de mezclar un estilo poético, metafórico y cuidadamente adjetivado (aunque unos pocos epítetos me chirríen, pero esa es una cuestión de gusto), con escenas de un realismo crudo y nada idealista, sobre todo cuando se enfrenta a los asuntos del cuerpo (el sexo, la masturbación, la menstruación...). Se agradece que se presente atención a las palabras y no se las reduzca a simples vehículos de la acción, como demasiadas veces pasa, incluso en la considerada "alta literatura".

El mayor problema que le veo a la novela (ya lo avanzaba al principio) es una cierta falta de estructura y de tensión argumental: una vez establecidos los personajes y sus relaciones, en un arranque que consigue atrapar al lector, la segunda mitad de la novela se pierde un tanto en episodios que o bien repiten situaciones anteriores, o bien se pierden sin hacer evolucionar la acción ni a los protagonistas. El episodio de la desaparición del hijo de Sofía en un centro comercial portugués, resuelto con una elipsis, es un ejemplo de este problema, en mi opinión.

Como se ve, en cierto modo Piel de lobo es una variación de Por si se va la luz: personajes escapados, aislados, en un entorno rural / costero en el que las tensiones previas se agudizan; estilo cuidado y realismo crudo; tensión poética por encima de estructura narrativa. Y aunque la novela tiene aciertos innegables (y sus últimas páginas son uno de ellos), queda el deseo de que en futuras obras Lara Moreno consiga encontrar un equilibrio mayor entre estilo y trama. Sea como sea, merece la pena seguir leyéndola, y seguir esperando de ella una obra mayor y definitiva.