domingo, 25 de septiembre de 2016

James Ellroy: Perfidia

Idioma original: inglés
Título original: Perfidia
Año de publicación: 2014
Traducción: Carlos Milla
Valoración: Brutal y muy recomendable (o viceversa)

Pues no. Resulta que en este, por otra parte, inigualable y magnificiente blog de libros  no habíamos reseñado aún ninguno de don James Ellroy, quizás el más grande autor vivo de novela negra. Nunca. Asumo, pues, mi culpa en primer lugar y pido disculpas. El éxito y la vida muelle no pueden hacernos olvidar nuestro sagrado compromiso con los lectores; que ahora escribamos nuestras reseñas desde una lujosa mansión en una isla privada del Caribe no debe ser excusa. Así pues, amigas y amigos seguidoras y seguidores de Un Libro Al Día, aquí tienen por fin una reseña de James Ellroy, esquire de la ciudad de Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles y doctor en asuntos sucios de toda índole:

Perfidia -el título original también es así, en castellano- es la última novela, hasta la fecha, de este escritor y la primera de lo que aspira a ser el "Segundo Cuarteto de Los Ángeles". Sus incondicionales seguidores ya lo sabrán, pero para quienes no lo sean -aún-, me explico: existe ya un "Primer Cuarteto de L. A.", que arranca con el caso de La dalia negra, en 1947. El segundo cuarteto, que comienza Perfidia, en realidad vendría a ser, en la ficción, anterior al primero, comenzando cronológicamente en 1941, por lo que ambos cuartetos, junto con la llamada "Trilogía Americana", constituirán al final (al menos tal es el objetivo) una serie de once novelas que abarcarán desde 1941 a 1972; es decir, un gran fresco de 31 años de Historia del crimen y la corrupción norteamericanas, contado con el mejor y más inclemente estilo posible hoy en día. Por supuesto, muchos de los personajes aparecen o aparecerán en ambos cuartetos e incluso en la trilogía. Amén  de los variopintos personajes reales que salen aquí o allá (y que, por cierto, no suelen ser los mejor tratados, precisamente).

¿Qué tal, resulta un poco lioso? Tranquilos, que no es para tanto. Menos aún si se empieza a leer la serie por esta Perfidia, en la que algunos de los más conspicuos personajes "ellroyanos" aparecen por primera vez (aunque, en realidad, no es la primera, sino que... vale,de acuerdo; no voy a reptir todo el rollo de nuevo). La acción de la novela transcurre en diciembre de 1941, cuando EEUU entra en la II Guerra Mundial. Un dí antes del ataque a Pearl Harbor aparecen destripados en su domicilio, en lo que parece un ritual seppuku, todos los miembros de una familia de origen japonés, los Watanabe y el Departamento de Policía de Los Ángeles se pone a investigar el posible crimen -o no crimen-, con la dificultad añadida que supone la entrada en la guerra al día siguiente y sus consecuencias directas en la ciudad: histeria antinipona, redadas en Little Tokyo, oscurecimientos para dificultas ataques enemigos, presencia de submarinos junto a la costa, conatos de revuelta... Además, como hablamos de una novela de Ellroy, las cosas no pueden ser tan simples como la investigación de un crimen, por enigmático o enrevesado que sea; aquí encontramos también policías corruptos y fascistas, políticos aún más corruptos y fascistas, criminales fascistas, espías fascistas, eugenistas fascistas, fascistas a sec... (¿¡pero bueno, en EEUU en 1941 eran todos fascistas, o qué!? Pues según parece, casi, menos Roosevelt y poco más). Vale, no es para tanto: también hay rojos quintacolumnistas, estrellas de cine de variado pelaje, bandas tong de chinos, mafiosos judíos y polis mexicanos... aunque he de reconocer que estos últimos también son bastante fascistas.

En mi opinión, lo mejor de esta novela, además de que Ellroy ha sabido dotarla de un ritmo endiablado, apabullante -casi se diría que uno la va leyendo dopado de benzedrinas, como alguno de los personajes- y del desacomplejadamente ágil dominio del estilo del que hace gala  (inteligente uso del stream of conciousness, por ejemplo, cuando le viene bien hacerlo), es que la indagación detectivesca no recae sólo en un investigador arquetípico, sino que son cuatro los protagonistas que se encargan de ello: Hideo Ashida, inteligente, minucioso y ambiguo criminólogo de origen japonés; la seductora Kay Lake, novia de un agente de policía e inquieta, quizá en demasía, por la necesidad de la aventura; William H. Parker, ambicioso y católico teniente de policía dividido entre sus escrúpulos y sus debilidades; Dudley Smith, sargento de policía irlandés y no menos católico que el anterior, pero casi absolutamente amoral. Encantador, brutal y expeditivo. Según he leído en alguna entrevista a James Ellroy, Dudley es su personaje favorito (y no me extraña, porque es un caramelo para un escritor), aunque yo diría que les trata a todos con el mismo cariño o falta del mismo... Estos cuatro personajes -y no sólo ellos, sino prácticamente todos los que aparecen en la novela-, haciendo honor al título de la misma, nos ofrecen todo un recital de traiciones, asechanzas, rivalidades y felonías de diverso tipo, aunque también, en cierto modo, guarden una cierta extraña lealtad entre ellos. Como copiosa guarnición para la historia, el autor nos ofrece todo un despliegue de violencia -mucha violencia-, sexo -bastante sexo-, alcohol -ídem- y drogas. No hay rock & roll porque en 1941 aún no se había inventado, que si no...

Por resumir la reseña de esta novela de alguna forma, recordaré que en una entrevista a un medio digital español Ellroy declaró: "Me lo he pasado de puta madre escribiendo esta mierda" (suena más fino en inglés, pero no lo es). Yo sólo puedo añadir que lo mismo que  un servidor leyéndola.

Nota: si no he valorado este libro como imprescindible, es solamente por el reparo que me produce su condición -o su pretensión- de ser una parte de un cuarteto, del que aún no sabemos el resultado global. Pero, desde luego, se trata de una novela mucho más que recomendable... Más bien está bordeando el imprescindible. Por no decir chapoteando dentro como un cochino en un lodazal.






sábado, 24 de septiembre de 2016

Frédéric Beigbeder: Oona y Salinger

Idioma original: Francés
Título original: Oona & Salinger
Traducción: Francesc Rovira
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Cambio de registro de Frederic Beigbeder. Hasta ahora, sus libros eran altamente autobiográficos. O si no autobiográficos en sentido estricto, sí que estaban muy basados en experiencias del propio autor. Así, por ejemplo, "El amor dura tres años", "13,99 euros" o "Una novela francesa".

En esta ocasión, el protagonista ya no es el propio Beigbeder - Marc Marronier o como se haga llamar, aunque su ego le haga aparecer en el libro (cómo no!), sino J.D. Salinger, Oona O´Neill, Charles Chaplin o Eugene O´Neill, y la historia ya no es autobiográfica, sino que se basa en la fallida relación que, al parecer, mantuvo Salinger con Oona O´Neill, hija del Nobel Eugene O´Neill y niña bien del Nueva York de finales de los 30 y primeros 40.

Así que esta vez parte de un hecho real y lo reconstruye, lo reinventa.

Reconstruye esa historia de amor y lo hace, partiendo de la descripcion del ambiente de la época para la "jet-set", con sus fiestas y saraos. En uno de estos saraos, Salinger y O'Neill se conocen y comienza su flirteo y su relación. Pero Salinger va la a la guerra, hecho que le dejará "tocado" el resto de su vida, y Oona se casa con Charles Chaplin, lo que tampoco colabora en exceso a la buena salud del pobre J.D.

Con estos mimbres (autores de culto, famosos de la época, relaciones iniciáticas...) podríamos estar ante un novelón. Pero se queda a medio camino.

Sí que tiene aspectos positivos. Por ejemplo, las cartas que Salinger envía desde el frente, en las que refleja la crudeza de la guerra y su influencia sobre el autor de "El guardián entre el centeno". Sorprenden, incluso, viniendo de un autor como Beigbeder. Otro ejemplo es la primera parte de la novela, la del ambiente frívolo, festivo y desinhibido de NY, la de secundarios como Hemingway o Capote. Beigbeder se mueve bien en ese terreno.

Por contra, la novela adolece de un exceso de superficialidad. Los personajes son potentes y podrían haber dado más juego.
Además, en la segunda parte del libro, la que comienza con la marcha de Salinger a la guerra, parece notarse demasiada prisa por llegar a un final que resulta un tanto forzado. Beigbeder se ventila más de treinta años con un puñado de cartas y anécdotas de los protagonistas!
Y por último, ¿sería posible que en alguna novela de Beigbeder no aparezca él mismo? En este caso, establece paralelismos entre la historia de Oona y Salinger y la suya propia y, sinceramente, creo que sobra.

Pese a todo, hay que reconocer que el libro se lee "fácil". Beigbeder escribe de forma ágil y directa y, aunque en varios aspectos la novela sea mejorable, los mitómanos seguro que la encuentran disfrutable. El resto, quizá solo la encuentren entretenida, sin más.

Otros libros de Beigbeder en ULAD: 13,99 euros

viernes, 23 de septiembre de 2016

Sherwood Anderson: Winesburg, Ohio

Idioma original: inglés
Título original: Winesburg, Ohio
Año de publicación: 1919
Traducción: Miguel Temprano
Valoración: muy recomendable

Para los que se quejan de lo fácil que nos la cuelan los autores (y las editoriales y las promotoras y los periodistas) norteamericanos, voy a empezar aclarando que Sherwood Anderson es un escritor nacido en el siglo XIX y que me fue "presentado" en un párrafo de "El rey pálido" de DFW. Lo que tienen esas lecturas que alternas cuando andas sumergido en algo gordo. Y espero que sea "este" Anderson, pero me da que sí. 
Porque algo me sonaba eso de Winesburg, Ohio, y desde luego más me sonará si puedo ir indagando más. Porque ver que hablamos de principios de siglo XX y ver que es tan fresco, tan eficaz. No os extrañe que se le otorgue alguna condición que os sorprenda; como ser una muy probable influencia para la creación del universo de Faulkner. Porque yo ignoro si existe un pueblo de verdad con ese nombre. Wikipedia dice que sí, pero que no era el que Anderson describia. De no haberlo, de no existir uno solo de esos personajes, estamos ante un precedente del condado de Yoknapatawpha y estamos ante un precedente de ese modo de narrar basado en la exigencia al lector: crónica emitida a varias voces, esta colección de relatos/recortes/piezas que  se van a ensamblar, pero no por que haya sensación de suspense o de pura proximidad de la tragedia. Es más una demostración de que las pequeñas comunidades siempre tienen que contar con la presencia de un testigo que de todo da fe,y  que es cronista de todas las cuitas y los encuentros furtivos y los deseos reprimidos, a la vez que el contrapunto necesario y el conocedor de motivos y causas y consecuencias.
Éste es George Willard, periodista del diario local, testigo y partícipe. Aportando cohesión a veintidós relatos que van encajando, participando desde una inalterable coherencia profesional solo interrumpida por su cercanía a los personajes. Todos ellos desfilan en distintos escenarios, y pronto descubriremos cosas de ellos, que no viene a cuento detallar demasiado, pues aconsejaría a todo el mundo que se haga con el libro y lo disfrute. Sabrá por qué alguien tuvo que salir huyendo del pueblo a los quince años. Sabrá de los paseos furtivos de las chicas, de la gente que vive sola, de los poderosos y de los desahuciados.
Fascinante descubrimiento: ver que hace casi un siglo un libro empieza a sembrar simiente que aún crece descontrolada: muchos deben a estos relatos, y por motivos muy variados. Lynch, Faulkner, Ray-Pollock, Munro. No es una mala corte de seguidores, desde luego.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Rubem Fonseca: El seminarista

Idioma original: portugués (de Brasil)
Título original: O seminarista
Año de publicación: 2009
Valoración: divertido

Sí, somos todos muy cultos, hemos leído el Ulises en el inglés original y nos hemos tragado los siete tomos de En busca del tiempo perdido, tenemos la Divina comedia en la mesilla de cabecera y La montaña mágica en el baño... pero ¡qué bueno cuando un libro, aunque no sea "Alta Literatura", nos agarra y nos engancha y nos hace perder la noción del tiempo, y no podemos dejar de leerlo hasta que lo hemos terminado! ¡Qué placer tan simple y tan poderoso! ¡Y qué pocas veces pasa!

Bueno, pues eso es lo que me pasó con El seminarista de Rubem Fonseca: lo empecé en un viaje en tren entre Oporto y Lisboa, me metí en la historia, con los personajes y sobre todo con el lenguaje, y para cuando quise darme cuenta estaba en la estación de Lisboa Oriente y casi tres horas de mi vida que podían haber sido espantosamente aburridas se convirtieron en tres horas de diversión.

El seminarista, como buena parte de la obra de Rubem Fonseca, es una novela policiaca, o mejor, como ahora está de moda decir, una novela criminal, muy próxima del género del hardboiled americano. El protagonista es José (Zé), un ex-seminarista transformado en asesino a sueldo, que un buen día decide retirarse. Pero cualquiera que haya leído unas pocas novelas policiacas sabe que retirarse de un negocio así tiene consecuencias: el Seminarista sabe demasiado (o ciertas personas poderosas creen que sabe demasiado) como para dejar que se vaya a su casa sin más consecuencias.

En realidad, la trama policiaca, entendida como misterio que hay que resolver, no tiene demasiada importancia en la novela. El Seminarista es acosado, no sabemos bien por qué, y la mayor duda es si conseguirá escapar a este acoso o terminará sucumbiendo. La resolución puede resultar satisfactoria, en el sentido de que ata todos los hilos sueltos, pero también es un poco ex machina, y por eso mismo un poco decepcionante. Tampoco la subtrama amorosa, bastante estereotípica, es lo que consigue atrapar al lector y mantenerlo pegado al libro.

Pero hay dos rasgos que hacen que esta lectura sea divertida, independientemente del suspense de la trama. El primero es el humor. Los primeros capítulos de la novela, en los que el Seminarista cuenta algunos de sus "trabajos" de una forma despreocupada y amable contribuyen a que el lector se enganche con la lectura, y también a que sienta simpatía por un asesino que tiene sus límites (no mata animales ni niños, y muy raramente mata mujeres) y que es capaz de reírse de sus superiores, de sus colegas y de sí mismo. La violencia es brutal (asesinatos, palizas, torturas, traiciones) pero se cuenta con una gracia "tarantiniana" que parece hacerla menos dolorosa.

El otro elemento que destaca y que hace la lectura ligera y divertida es la lengua. A lo mejor sorprende que haya colocado en el encabezamiento que está escrito en portugués de Brasil: normalmente no decimos "español de Argentina" o "inglés de Estados Unidos". Pero es que en este caso el portugués de Brasil, coloquial, creativo e irreverente, combinado con un uso irónico del latín (el protagonista estudió temporalmente en un seminario, recuerdo) contribuye a que la lectura sea rápida y divertida, cargada de ironía y de autoconsciencia. De hecho, hay unos pocos momentos en los que Rubem Fonseca utiliza ese estilo coloquial, vulgar a veces, para tratar temas "elevados" (un pasaje sobre la batalla de Alcazarquivir es antológico) con resultados magníficos. Qué pena que lo haga pocas veces a lo largo de la novela.

No sé hasta qué punto habrá conseguido el traductor mantener este lenguaje fresco del original sin que suene a pastiche (yo lo he leído en portugués, que para algo vivo en Lisboa), pero incluso si se ha traducido en español más o menos estándar, la novela es lo suficientemente divertida como para merecer la pena. Afortunadamente hay varias obras de Fonseca traducidas al español además de esta, así que podemos disfrutar de un escritor de novela criminal al estilo de Hammett o Chandler, pero adaptado al Brasil actual.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Aude de Tocqueville: Atlas de las ciudades perdidas

Idioma original: francés
Título original: Atlas des Cités Perdues
Año de publicación: 2014
Traducción: Albert Ollé
Valoración: entre recomendable y está bien

Todos los que hemos pasado horas y horas de nuestra niñez (y no sólo de la niñez) ojeando atlas y soñando con países o ciudades lejanas sabemos de la fascinación y embeleso que son capaces de producir esos nombres en lenguas extranjeras, esos puntos donde se entrecruzan tortuosas carreteras o líneas de ferroviarias, esos puertos en mares escondidos... Más aún si hablamos de un atlas histórico, que nos muestra los mapas de reinos o imperios desaparecidos; incluso si se trata, sin más, de una edición ya periclitada (no hace falta que sea muy antigua: hace poco más de veinte años todavía existían la Unión Soviética y Yugoslavia, por ejemplo). Seguramente lo mismo le ocurriría a la autora de este libro, sólo que, en vez de dedicarse a la pura ensoñación, ella se planteó conocer qué había ocurrido con todas esas ciudades que en algún momento habían florecido como centro de la vida humana, para luego desaparecer o acabar deshabitadas, por los más diversos motivos. Incluyendo alguna que, si no ha pasado aún a mejor vida, lo parece...

El resultado es este atlas, tal vez un poco heteróclito, pero subyugante, que recorre cuatro continentes y multitud de historias, de épocas, de leyendas... también algún que otro mito, o casi. Encontramos aquí ciudades arrasadas por desastres naturales (Pompeya, claro; Balestrino, también en Italia) o humanos (Kantubek, en el mar de Aral, donde los científicos soviéticos elaboraban armas biológicas, o Prypiat, junto a Chernóbil donde... bueno, ya se sabe lo que pasó). Tampoco podían faltar las muchas destruidas por la guerra: desde Agdam, en Azerbayán, a la legendaria fortaleza de Masada; la chipriota Varosha, atrapada en tierra de nadie o, cómo no, la antigua Hiroshima, no hace falta decir dónde... Ciudades que vivieron momentos de gloria y esplendor, como la capital del reino jemer, Angkor o la del Imperio mogol de Akbar, Fatehpur Sikri; otras, de dimensiones mucho más modestas, conocieron al menos algún momento de riqueza y se evaporaron cuando desapareció ésta: es el caso de muchas ciudades mineras a lo largo y ancho del globo, como Kolmannskuppe, en Namibia, famosa por sus diamantes o Bannack, típico pueblo minero del Oeste americano. Lo mismo que Humberstone, en Chile, cuna de la peculiar cultura "pampina".

Algunas ciudades han conocido una segunda  gloria (o primera) gracias al cine: Bam, en Irán, que sirvió de escenario para la versión cinematográfica de El desierto de los tártaros, o la japonesa isla de Hashima, que aparece en Skyfall. También, quién lo diría, a los videojuegos: la ciudad minera de Centralia, en Pennsylvania, evacuada por culpa de un incendio subterráneo de carbón, es la que ha servido de inspiración para el conocido juego (y consiguiente película) Silent Hill. Incluso encontramos localidades que no han sido nunca habitadas (el centro vacacional nazi de Prora, que iba a ser una especie de Marina d'Or sólo para arios), que no han sido concebidas para ser habitadas (Jeoffrécourt, en el norte de Francia, campo de entrenamiento de las tropas de la OTAN para la guerra urbana), o que no se sabe si serán alguna vez habitadas -al menos en el momento de editarse el libro- como la Nova Cidade de Kilamba, en Angola.

A esta última categoría pertenece la aportación española al atlas: sí, señores, nada menos que Seseña (en realidad, Nueva Seseña), el sueño húmedo de ese constructor conocido como Paco el Pocero y que es uno de los símbolos de la burbuja urbanística que vivió España a comienzos de este milenio y que tantos economistas, políticos y periodistas supieron prever... cuando ya nos había estallado en las narices. A decir verdad, no se trata de una "ciudad fantasma", propiamente dicha, y es incluso posible que alguno de nuestros seguidores nos lea desde allí (un saludo, en ese caso); en cualquier caso, da un poco de cosica -por no decir la demasiado familiar spanish shame- ver la creación del Pocero en la misma lista que ciudades tan míticas como Babilonia, Teotihuacán, Cartago o Antinóopolis, fundada por el emperador Adriano en el mismo lugar donde se ahogó su amado Antinoo. En fin, será el signo de los tiempos...

martes, 20 de septiembre de 2016

Keith Lowe: Continente salvaje


Idioma original: inglés
Título original: Savage continent. Europe in the Aftermath of World War II
Traducción: Irene Cifuentes
Año de publicación: 2.012
Valoración: Muy recomendable

Picaste, amable lector. No, no hablaremos esta vez de matanzas de tutsis y hutus, ni de señores de la guerra y niños soldado, ni de aldeas exterminadas a golpe de machetazo. Por una vez, el ‘continente salvaje’ no es África ni, por tanto, es este libro una versión renovada de 'Ébano'. Hablamos de Europa, que es justamente donde han tenido origen y desarrollo algunas de las más insignes masacres de la Historia de la humanidad. (Claro, todo esto que he dicho tiene sentido si usted no había reparado en el subtítulo del libro, que dice claramente ‘Europa después de la Segunda Guerra Mundial’).

Lo que presenta el joven historiador británico Keith Lowe (con nombre de cantante de synthpop; y perdón por la chorrada) es un escenario más bien poco tratado, porque cientos de libros, películas y documentales han relatado durante décadas la guerra, sus héroes, las tragedias y los campos de exterminio; pero se diría que, una vez terminada la conflagración, Europa fue de pronto un territorio pacificado que tomaba un nuevo rumbo. Pero nada más lejos de la realidad. Han ocurrido cosas decisivas, y otras tendrán lugar durante la postguerra, y todo esto será lo que el autor va a desarrollar. 

Como podemos suponer, con el fin oficial de la guerra, el continente es objeto de una devastación física sin precedentes en la Historia, con casi todas sus infraestructuras destruidas y miles de pueblos y ciudades completamente arrasados, entre los que Varsovia podría ser el paradigma. Pero a la destrucción física –y a los millones de muertos de forma directa o indirecta- se deben sumar otros dramas humanos de dimensiones descomunales: millones de huérfanos vagando por las calles y sobreviviendo como pueden; otros tantos individuos que fueron sacados de su país y utilizados por los nazis como trabajadores esclavos, y que ahora no tienen a dónde ir; desplazados forzosos y supervivientes de los campos, vidas destruidas, familias desaparecidas, viviendas volatilizadas. Todo el continente es un inmenso éxodo de personas sin apenas medios de subsistencia ni destino al que acudir, una masa de desesperados que intenta ser controlada por las fuerzas de ocupación de los vencedores.

No sólo eso, que serían las consecuencias diríamos ‘naturales’ de un conflicto de las dimensiones de esta guerra. Además de las consecuencias obvias de una estructura institucional desaparecida, a la derrota de Alemania sigue un periodo de violencia intensa que incluye desde actos de venganza contra nazis y colaboracionistas hasta la expulsión de millones de alemanes de zonas que habían habitado desde hacía siglos –en especial, en Polonia y Checoslovaquia.

Pero tampoco ahí termina el horror –y aquí llegamos a lo que me parece el núcleo fundamental del libro. Dentro del conflicto general han coexistido varias guerras de índole regional, basadas en odios étnicos o viejas reclamaciones territoriales, incendiado todo ello con la visceralidad del momento: ucranianos contra polacos, eslovacos contra húngaros, croatas contra serbios… Y casi todos ellos, además, contra los judíos, sobre todo en los países del Este. De forma que esta corriente poco visible de luchas a menor escala –aunque muchas veces tan sangrientas como la principal- impide que la capitulación del Reich suponga el fin real de la guerra.

Lowe expone con detalle y gran profusión de datos y testimonios esta serie de salvajadas, que parecen ocultas en los pliegues de la Historia, y ahí da la sensación de que el tema se la va un poco de las manos. Son tan numerosos estos ejemplos de brutalidad, que el lector termina abrumado y de alguna manera perplejo, y –lo más importante- puede quedarse con la sensación de que a fin de cuentas los crímenes nazis tampoco fueron algo tan diferente de otros actos de barbarie. Creo que el autor es consciente del peligro, y en varias ocasiones se ve obligado a recular y precisar que, con todo, el grado de salvajismo de los nazis y su ejecución de un programa detallado de exterminio no admiten parangón.

La existencia de esas otras guerras y conflictos semiocultos tendrá una consecuencia decisiva. Las diferentes polarizaciones de cada uno de estos choques terminan por identificarse con una nueva dicotomía fundamental, entre derecha (colaboracionistas, nazis) e izquierda (comunistas, estalinistas), de forma que los odios étnicos, religiosos o culturales se trasladan al campo político. O, mejor dicho, geopolítico, porque los aliados ya se habían repartido las áreas de influencia, separadas por lo que se llamó el ‘Telón de acero’, y a partir de ahí, supieron que tenían las manos libres cada uno dentro de su campo. De esta forma, los soviéticos promovieron sin disimulo a los comunistas en el Este, con la misma intensidad con que los americanos les impedían levantar la cabeza en el Oeste (Francia, Italia, Grecia). Dicho de otra forma, en apenas tres o cuatro años desde el armisticio ya teníamos en el tablero todos los elementos de la Guerra Fría.

‘Continente salvaje’ es un trabajo serio, entiendo que ecuánime y muy documentado (70 páginas sólo de notas y bibliografía), al que se podría achacar algún momento de ligerísima frivolidad y, sobre todo, el riesgo de desenfoque que he comentado. Pero, tras 400 páginas de información exhaustiva y bien estructurada, cualquier pequeño error se compensa con las últimas quince de conclusiones: un resumen certero y clarificador que revela no sólo una admirable capacidad de síntesis, sino un profundo sentido histórico y político que podía parecer ausente en algún momento anterior.

Y, como ocurre con toda aportación interesante al estudio de la Historia, nos ayuda a entender mejor problemas recientes (ex-Yugoslavia) o incluso situaciones de plena actualidad (xenofobia, nacionalismos fanáticos). Inquietudes y tribulaciones permanentes que siempre parece generar este continente nuestro, hermoso, complejo y –a veces- también salvaje.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Andrés Iniesta: La jugada de mi vida. Memorias

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Intragable

Aclaración previa: Aunque me temía lo peor del libro, he tratado de leerlo sin tener en cuenta mis prejuicios. Y creo que lo he hecho. Así que la reseña, guste o no, es objetiva en la medida de lo posible.

Dicho esto, quisiera aclarar también que, aunque en la cubierta del libro se indica que el autor es el propio Andrés Iniesta con la colaboración de Ramón Besa y Marcos López, resulta que el 55% del libro está escrito en tercera persona (cosa extraña cuando son tus propias memorias), el 5% en primera persona y el 40% restante son testimonios de terceras personas. Por tanto, dejémoslo en que el libro está escrito por Ramón Besa y Marcos López a partir de lo que les haya contado Andrés Iniesta y el resto de personas entrevistadas para la ocasión. Para que la gente no se lleve a engaños.

Centrándonos ya en el texto, podemos separarlo en dos bloques:

El primero nos cuenta la vida y milagros de Andrés Iniesta, desde que empezó a dar sus primeras patadas al balón en Fuentealbilla hasta la actualidad, cubriendo tanto la vida profesional como la vida personal de Iniesta: su llegada a la Masía, su debut en el primer equipo, las Copas de Europa, su matrimonio, etc.

La segunda parte, como si se tratase de un "Testimonios" de sus paisanos de "La hora Chanante", recoge las opiniones de ex-compañeros y compañeros, entrenadores, masajistas, etc sobre el protagonista del libro.

Hasta aquí, todo parece normal. Podrá gustar más o menos, podrá el personaje interesar o no, pero no hay nada raro.

El problema del libro no está en el "qué", sino en el "cómo".

Porque el texto es más que previsible y tiene un tono hagiográfico que repele. Mensajes tipo "A Andrés le ha costado mucho llegar a donde ha llegado, Andrés es el compañero perfecto, el chico perfecto, el amigo que todos quieren tener, el yerno ideal, etc" están por todas partes. ¡Solo falta que desde el libro se pida la beatificación de Iniesta! O mejor, ¡su canonización! No sé, a mí me hubiera gustado un testimonio (con nombre falso y voz distorsionada, claro) que dijera algo así como: "Yo jugué con Iniesta en el infantil B. Era un cabrón. Nunca me pasaba el balón porque yo era más alto, más guapo y sacaba mejores notas que el".

Porque el texto es repetitivo hasta el hartazgo. Páginas y más páginas en las que, con pequeñísimas variaciones, se repiten los mismos halagos a sus cualidades como futbolista (he terminado de su cambio de ritmo hasta el gorro) y como persona. El libro tiene 300 páginas, pero no pasaría nada si se quedaran en 200 o menos. 

Porque está trufado de tópicos, de "buenismo", de "cuñadismo" y de sentimentalismo de garrafón. Frases del tipo "con trabajo se consigue todo"o "si te esfuerzas, lograrás lo que te propongas" a cascoporro. Sin pudor.

No sigo. Ya es suficiente. Solo os dejo unas frases que aparecen en el libro para que os hagáis una idea:
"Yo sigo siendo yo. Y que Andrés sea como es nos ayuda a los dos porque nuestro mundo es nuestro. Solo nuestro". Me recuerda sospechosamente a Mariano Rajoy diciendo aquello de "es el vecino el que elige al alcalde..."
"Aparece un sobre en la cocina, en el baño o en la cama. "Para mami", así es como me llama (yo, a el, "papi")..." . ¡Tomad sobredosis de almíbar! 
"Era Mimosín. Le cogías cariño desde el primer momento". ¿Mimosín? ¿Mimosín? Da vergüenza ajena, ¿no?
Después de estas perlas, habréis podido ver que no estamos ante el libro perdido de Proust ni ante el Knausgard manchego ni nada por el estilo. Más bien estamos ante un libro que, apropiándome de un término usado por Juan Soto Ivars en una reseña sobre lo último de Ildefonso Falcones, está destinado a "domingueros de la literatura". Y si son adictos al edulcorante y a la moralina, mejor.